D. Mariano Roca de Togores y Carrasco

Mariano Roca de Togores y Carrasco (1812-1889)

Marqués de Molins, Grande de España. Vizconde de Rocamora. Caballero del Toisón de Oro. Caballero de Calatrava, Maestrante de Valencia, Caballero y Bailío de la Orden de San Juan de Malta.

Ingresa en el año 1833. Cofrade Nº 286

Mariano de las Mercedes José Roca de Togores y Carrasco, Valcárcel y Arce (Albacete, 17 de agosto de 1812-Lequeitio, 4 de septiembre de 1889), fue un escritor romántico, orador, diplomático y político conservador español.

Fue numerosas veces ministro durante el reinado de Isabel II y los inicios de la Restauración, embajador de España y miembro y presidente de la Real Academia Española.

Un gran patriota, Molins es una figura polifacética, propia del Romanticismo, que como muchos otros grandes hombres de la Historia de España pasan hoy en día desapercibidos, sino ignorados.

Mariano Roca de Togores, I Marqués de Molíns
F. de Madrazo, 1850. Bilduma pribatua

Datos familiares y nobiliarios

Nació en Albacete el 17 de agosto de 1812, hijo de Luis Manuel Roca de Togores y Valcárcel, II conde de Pinohermoso, y de María Francisca de Paula Carrasco y Arce, VI condesa de Villaleal, Grandes de España de Primera Clase. Su hermano primogénito, Juan Roca de Togores y Carrasco ostentó el título de III conde de Pinohermoso.

Fué educado en Madrid en un colegio de la calle de San Mateo, donde eran profesores Hermosilla y Lista, y del que fueron también alumnos Ventura de la Vega y Espronceda.

Más tarde estudió en otro colegio, de donde salieron igualmente D. Aureliano y D. Luis Fernández Guerra, y a los diecisiete años de edad regentaba una cátedra de matemáticas en Alicante.

Fue primer marqués de Molins (15 de septiembre de 1848) en honor a la pedanía oriolana de Molíns, con vizcondado previo de Rocamora. Nombrado Grande de España en 1863 y condecorado con la Orden del Toisón de Oro, perteneciendo así a una de las pocas familias españolas, fuera de la Real Familia, en la que varios de sus miembros pertenecían a esta orden, ya que su hermano mayor Joaquín, conde de Pinohermoso, también lo poseía.

Palacio del Conde de Pinohermoso
Orihuela

Caballero de Orden del Toisón de Oro, gran cruz y collar de la Orden de Carlos III, caballero de las órdenes de San Juan y de la de Calatrava, maestrante de Valencia, gran cordón y cruz de la Legión de Honor; gran cruz del Cristo de la Santa Sede, de Pío IX (Orden Piana), la Constantiniana, de la Rosa, de Brasil; del Salvador, de Grecia; de la Corona de Encina, de los Países Bajos; de San Genaro, de Napóles, y del León y el Sol, de Persia y otras varias.

Era Gentilhombre de Cámara de S. M. con ejercicio y servidumbre; Embajador de España en Francia y la Santa Sede, enviado extraordinario en la Corte Británica, diputado en varias legislaturas y senador vitalicio, ministro de Marina, Fomento y de Estado.

Decano, y director en 1865 de la Real Academia de la Lengua realizando en ella una reforma vital para la misma. Académico de las Reales Academias de Historia, de la de Ciencias Morales y Políticas, y de Bellas Artes de San Fernando (donde dedicó a Ramón de Campoamor, su discurso de ingreso en la Real Academia en 1862). Y de la de San Carlos de Valencia; de la Academia de anticuarios del Norte y de la de Ciencias y Artes de Toscana. Miembro honorario del Instituto de Francia y de la Academia de Bellas Letras Literarias de Sevilla, Presidente del Liceo y Ateneo de Madrid.

En la época en la que ingreso en la Cofradía de la Celda de San Vicente casó en primeras nupcias el 10 de abril de 1833 en Valencia (San Andrés) con María Teresa Roca de Togores y Alburquerque, fallecida en 1842, de la que tuvo dos hijos, y en segundas nupcias (10 de mayo de 1849) en Madrid (San Luis) con María del Carmen de Aguirre-Solarte y Alcíbar, de la que tuvo otros cinco.

Molins literato

Acabados sus estudios y con apenas 17 años, Roca de Togores pasó a regentar una cátedra de matemáticas en Alicante, pero pronto saldría a la luz su faceta literaria, que ya nunca abandonaría.

Como hombre de letras fue uno de los discípulos de Alberto Lista, de quien había sido alumno.

Literato notable, y en la colección de sus poesías hay leyendas, epístolas, odas, fantasías, romances históricos, romances descriptivos, romances jocosos, doloras, letrillas, poemas ligeros y sonetos de un valor y de una gallardía indiscutibles.

En sus primeros años leyó mucho y se empapó en las obras del teatro francés pertenecientes a  la nueva escuela romántica, y prendado vivamente de ellas, propúsose introducir el romanticismo en la escena española. Al efecto escribió un drama que no llegó a representarse hasta muchos años después de escrito, por lo cual su empresa quedó en proyecto, pero quedándole al Marqués de Molíns la gloria de haberla intentado el primero. Este drama se titula “El Duque de Alba”.

En El Parnasillo leyó su drama romántico “El Duque de Alba” (1831) a Ventura de la Vega, Antonio Gil y Zárate, Patricio de la Escosura, Manuel Bretón de los Herreros, y Larra, de quien era sincero amigo, mucho antes del estreno de los grandes dramas del teatro romántico español, siendo por tanto el introductor del romanticismo teatral en el país; Se estrenó en el teatro en 1845 con el título “La espada de un caballero”. Es un drama que mezcla lo trágico y lo cómico y posee una variada versificación.

Presidió el Ateneo de Madrid entre 1874 y 1876.

Se le atribuye la popularización de la expresión «La millor terreta del món» para hacer referencia a Alicante.

Mariano Roca de Togores
Por José Casado del Alisal (Ateneo de Madrid)

Como escritor cultivó todos los géneros, desde el drama histórico hasta la seguidilla popular. Imprimió unas Obras poéticas (1851) donde se mezclan las piezas neoclásicas y románticas.

De sus composiciones poéticas merecen especial mención citarse su canto épico, en que enaltece el sitio de Orihuela por D. Pedro de Castilla, la fantasía titulada El Córpus, los romances La Cabalgata y el Racimo de dátiles, el titulado A D. Manud Bretón y las letrillas “A la flor del granado” y la del “Velonero”.

Imitó al duque de Rivas en sus leyendas, como «El cerco de Orihuela» y sus romances históricos están llenos de patriotismo y espíritu aristocrático.

Fue un mecenas de las Artes y las Letras y eran famosas sus veladas literarias en su palacio de Madrid, entre las que se reunían los mayores artistas de la capital, entre ellos José Zorrilla y Ramón de Campoamor.

El marqués en una cena de Navidad de 1858 publicó “El Belén” en su casa de la calle del Olmo y fué un verdadero acontecimiento literario por la calidad de los colaboradores que para aquella fiesta de la literatura se publicó, y por el mérito de los trabajos que se insertaron en la hoja.

Mariano Roca de Togores y Carrasco retratado en Los Poetas contemporáneos
(1846) Antonio María Esquivel (Museo del Prado, Madrid)

La segunda y última obra dramática “Doña María de Molina” está considerada como uno de los diez mejores dramas del Romanticismo español. Se representó por primera vez en julio de 1837, drama rico en acción, abundante en episodios, con grandes caracteres y magníficos pensamientos políticos.

Escribió, entre otras obras, Poesías, “El Romancero de la Guerra de África” (Madrid, 1860), “La sepultura de Miguel de Cervantes”. Memoria escrita por encargo de la Academia Española y leída a la misma por el Marqués de Molins (Madrid,1870); “Opúsculos críticos y literarios”, “Recuerdos de Salamanca”, “La manchega” y “La Peña de los Enamorados”, y también biografías: “Bretón de los Herreros: recuerdos de su vida y de sus obras” (Madrid,1883).

Menéndez Pelayo, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, dice sobre el marqués de Molins:

«[…] a los ojos de la posteridad el marqués de Molins quedará como una figura principalmente literaria. Su nombre va unido a las pompas y esplendores de la época romántica. Allí le saludará con respeto la crítica, cuando llegue a escribirse la historia literaria de España en el siglo XIX…»

Fundó en abril de 1838 en Valencia «La Verdad», un periódico político conservador del que fue el primer redactor; allí usaba el pseudónimo “El licenciado manchego”, con el que publicó artículos de índole política, lo que le ocasionó algún problema con las autoridades, por lo que fue perseguido, viéndose forzado a emigrar a París una temporada; allí aprovechó para asistir a las clases de Cousin, Rossi y Tocqueville en la Sorbona, conoció a fondo las tendencias literarias francesas y trató a literatos de la talla de Victor Hugo, Dumas o Lamartine, entre otros.

Molins político

La trayectoria política de Molins abarca circo decenios de la historia española del siglo XIX, siendo especialmente relevante durante la década moderada y en la época de la Restauración borbónica.

Político realista y versátil, mantuvo siempre unas fuertes convicciones, que pueden resumirse en la defensa a ultranza de la monarquía, el centralismo político y el carácter elitista de la actividad política.

Elegido diputado por primera vez en 1837 por Albacete, no tomó posesión de acta de diputado hasta 1840, no dejando de tomar asiento en las Cortes en las legislaturas subsiguientes hasta la de 1853-54. En las Cortes de 1840 fué secretario del Congreso é individuo de la comisión que redactó la ley de Ayuntamientos.

Cuando Espartero llegó al poder y expulsó a la Reina María Cristina en 1840, el partido moderado quedó excluido de la política, dedicándose entonces Roca de Togores a su sus quehaceres literarios y actividades culturales en el Liceo y el Ateneo, retirándose a Valencia.

Implicado en la revuelta contra Espartero de 1843, formó parte de la llamada «Junta de salvación» de Valencia. Resultó elegido diputado por Alicante ese mismo año y nombrado primer secretario del Congreso.

En la legislatura 1843-1844, electo por Murcia, participó en la discusión sobre los sucesos del Real Palacio en la noche de 28 de Noviembre de 1843, cuando al día siguiente de un despacho que nada anormal era previsible, la Reina Isabel II declaró solemnemente que su augusta mano había sido forzada por el Presidente del Gobierno, Salustiano Olózaga, quien le había obligado con violencia física a firmar el decreto de disolución de las Cortes; y en la de 1844 se distinguió por el discurso sobre el mensaje de la Corona y el de acusación a Olózaga sobre su comportamiento con la reina Isabel II.

Fué senador vitalicio con arreglo a la Constitución de 1845; desde esta fecha hasta 1868; electivo en 1876 y vitalicio desde 1877.

En 1847 fue ministro de Fomento durante tres meses, al ser creada esta cartera; reformó la Real Academia Española, la Real Academia de la Historia, la Real Academia de Medicina y Ciencias Naturales y la Real Academia de Leyes de estos Reynos y de Derecho Público y fundó la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

De nuevo fue ministro con Narváez (1847 a 1849), desempeñando las dos veces la cartera de Marina, siendo nombrado asimismo Ministro de la Gobernación.

En 1863 fue encargado de la Embajada de España en Londres hasta 1866. Durante la Revolución de 1868 («La Gloriosa«) redactó la carta que la nobleza española dirigió al príncipe de Asturias y tomó parte muy activa en los trabajos preparatorios de la proclamación del príncipe Alfonso, contribuyendo a la concesión de plenos poderes por la reina Isabel II a Antonio Cánovas del Castillo y formó parte del Ministerio – Regencia.

En 1875 fue Ministro interino de Estado y en 1879 desempeñó esta cartera en propiedad.

Molins ministro de marina

Al producirse la Restauración desempeñó la cartera de Marina nuevamente y acompañó a Alfonso XII en su viaje desde Marsella a Madrid.

Sin provenir de familia de marinos, y siendo un hombre sin contactos con la Armada, Roca de Togores mostró un excepcional y verdadero interés por la Marina. Se encontró una Armada en situación lamentable, abandonada y descuidada casi desde Trafalgar, y dispuso la creación de una escuadra de barcos de vapor, en una época en que la navegación a vela tocaba a su fin.

Roca de Togores, ocuparía el ministerio durante tres años, tiempo suficiente para desarrollar su política. Así, cuidó el Colegio Naval de San Fernando y desglosó el Real Cuerpo de Artillería de Marina en Artillería e Infantería de Marina; reorganizó el Cuerpo de Sanidad de la Armada y en 1850 creó en Ferrol la Escuela Especial de Maquinistas, hasta entonces atendidas por tripulaciones extranjeras.

Gracias a todas estas mejoras y a los constantes aumentos del presupuesto para la Armada, durante los siguientes años se construyeron nuevas fragatas de hélice en los astilleros de Cádiz, Ferrol y Cartagena, así como numerosas corbetas destinadas a las colonias ultramarinas.

El marqués fundó en 1850 el Panteón de Marinos Ilustres en San Fernando, junto a la Escuela Naval. Su buena gestión fue premiada con una nueva etapa al frente del Ministerio de Marina, entre septiembre de 1853 y julio de 1854. De esta época data la inauguración de la nueva sede del Museo Naval, situada en la Plaza de la Marina Española, donde se mantuvo hasta su traslado al paseo del Prado en 1932.

El Cañonero Marqués de Molins

Ese nuevo empuje dado a la Armada, posibilitó en enero de 1848 la ocupación de las islas Chafarinas y, a principios de 1850, la expedición a Italia en auxilio del papa Pío IX, refugiado en la localidad de Gaeta tras la revolución dirigida por Mazzini en Roma. Fue la primera intervención española en Europa desde hacía décadas, y un agradecido Pío IX reconoció en seguida a Isabel II, allanándose así el camino para la posterior firma del Concordato de 1851.

En total fue ministro de Marina en siete ocasiones entre los años 1847 y 1879, contribuyendo a la modernización de la Marina española.

Al concluir sus tareas en este Ministerio fue embajador en París hasta 1881 y después ante la Santa Sede, negociando en 1885 con el pontífice León XIII el arreglo pacífico de la cuestión de las Carolinas.

La cuestión de las Carolinas

Las Islas Carolinas fueron descubiertas en 1525 por los exploradores portugueses Diogo da Rocha y Gomes de Sequeira. Poco después los exploradores españoles Alonso de Salazar y Diego de Saavedra dieron con la isla de San Bartolomé.

El 1 de Enero de 1528 Alvaro de Saavedra tomó posesión de las islas en nombre del Rey de España, perdiéndose las noticias de ellas hasta que en 1686 Francisco Lezcano tomó posesión de ellas llamándolas Carolinas en honor del Rey Carlos II incluyendo las islas Palaos al Oeste y las islas Marshall al este.

Después de un intento de colonización con carácter religioso que fracasó, no se llevó a cabo una ocupación real hasta 1852 en que el Coronel Coello presentó al Gobierno un memorial explicando las ventajas que la ocupación efectiva de las islas Carolinas proporcionarían al comercio de Filipinas con Australia, Nueva Guinea y América, sin que le hicieran el menor caso, hasta el año 1885, año en que el representante español Butrón firmó con los reyes de las islas un acta por el cual se reconocía la soberanía del rey de España sobre las Carolinas.

Las islas Carolinas, hoy propiamente dos Estados, las Islas Palaos y los Estados Federados de Micronesia ocupan una longitud aproximada de 30ᵒ de longitud en una latitud N de 7ᵒ, es decir unos 3300 Kms. aproximadamente, un poco menos de la distancia de Madrid a Ekaterimburgo en los Urales.
(Donde fueron asesinados el Zar y su familia).

Una vez asegurado el territorio, España intentó establecer derechos aduaneros en la región, pero Alemania y el Reino Unido protestaron, ya que el abandono de las islas por parte de España las habían convertido en “Terra Nullius”, permitiendo la llegada de diferentes misiones de estos dos países que iniciaron un próspero negocio con el comercio de copra, coco seco y rallado que se exportaba como materia prima para la fabricación de aceite, jabones y otros productos.

Sin una flota que pudiera asegurar el dominio real sobre las posesiones ultramarinas el fin de estas era una cuestión inevitable, como así sucedería poco más tarde.

El conflicto surgido a causa de estos hechos fue sometido al arbitraje del papa León XIII, quien reconoció la prioridad de los derechos de España sobre las islas comprendidas hasta el grado 164 longitud este, asignando a Alemania las islas Marshall y la facultad de conservar una estación naval en una de las islas Carolinas, derecho que Alemania nunca utilizó, negociación en la que intervino de manera directa Molins, embajador de España ante la Santa Sede como ya hemos dicho.

Después de la guerra hispano-estadounidense en 1898, las islas Carolinas y Marianas fueron vendidas a Alemania por 25 millones de pesetas en 1899, reservándose España el derecho de establecer un depósito de carbón en la zona que nunca se llevó a cabo.

De regreso a España después de su misión diplomática, Molins dirigió hasta su muerte la minoría conservadora en el Senado, del que era miembro vitalicio.

El día de su fallecimiento la cofradía de pescadores de Lequeitio acordó colocar a la entrada del puerto la bandera de luto, no salir a la pesca ni tampoco el siguiente de sus funerales y lo propio el primer aniversario, en señal de gratitud de los cofrades a su antiguo ministro.

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