Historia de la Celda de San Vicente
La celda de San Vicente Ferrer está situada en el antiguo convento de Santo Domingo de Valencia hoy Capitanía General, en su esquina sureste.
Es una pequeña estancia, de las muchas que en su día lindaban con la orilla del río Turia en las que vivían los dominicos, y en la que vivió San Vicente Ferrer dieciocho años, desde 1378 hasta 1396.
Hoy en día, tras numerosas reformas del antiguo convento, por su importancia, es la única que ha permanecido en su lugar aunque con diversas vicisitudes.
Imagen del exterior de La Celda de San Vicente en su entorno
Sita en el Convento de Santo Domingo (Capitanía General)
Estado original de la Celda
A partir de su canonización en 1455 por el Papa Calixto III, se fue desarrollando un intenso interés por conocer la habitación conventual, como lugar de peregrinación, oración y solicitud de amparo, protección y bendición de tan querido santo, por lo que se abrió su celda, como oratorio, al público para su veneración.
Dicho oratorio tenía de origen dos estancias:
En una se colocaron a modo de retablo de altar el lienzo delante del cual oraba San Vicente; de “cuatro palmos de ancho por tres de alto” con la Santísima Trinidad en su parte central, una imagen de María Santísima con Jesús niño en sus brazos a su derecha y a la izquierda una imagen de Santo Tomás de Aquino. Este lienzo se restauró en 1681, poniéndose entonces un cristal delante para preservarlo.
En la otra, propiamente alcoba, se colocó, presidiendo la estancia, una imagen de San Vicente de cuerpo entero, pintada sobre las tablas de su cama (según la tradición), que fue copia de la primera imagen del santo, que se realizó recién fallecido y se había colocado en la iglesia del convento.
Frente a la Celda, en su jardín, había un pozo del que el Santo tomaba el agua, y que según la tradición sus aguas obraron algunos milagros tras la muerte de éste.
Fachada de la actual Celda de San Vicente
Sita en el Convento de Santo Domingo (Capitanía General)
Los avatares históricos de la Celda
A lo largo del S. XVI, la devoción por San Vicente aumentó tanto en la Ciudad como entre las élites tanto religiosas como civiles de toda Europa. A éste tenor, se obraron las más importantes obras de decoración de la Celda.
Así, en 1587 Guillem Ramón de Blanes mandó labrar una reja, a su costa, de nueve palmos de ancho por otros tantos de alto para que, puesta en la puerta, quedase bien protegida la celda sin que quedase impedida la devoción desde fuera. También se le hicieron, con aportación de otros fieles, cinco lámparas de las que tres se pusieron en el oratorio y dos delante de la imagen del santo.
En 1589, siendo Prior Fr. Juan Vidal, se le hizo, con aportaciones de fieles valencianos y el Ayuntamiento de la ciudad, una rica Portada del tamaño de la Celda con dos pedestales de piedra, de hermosa hechura, uno en cada parte: en el de la derecha se grabó una cruz blanca y negra (de los Dominicos); en el de la izquierda otro escudo de la Orden que es el hábito con la estrella, ramo de azucenas y palma. Sobre cada uno cargaban dos pilastras bien formadas de yeso labradas con flores y figuras; Entre las dos pilastras se practicaron dos nichos o soportes en forma de concha que soportaban dos estatuas de piedra de seis palmos de altas con las imágenes, a la derecha de San Raimundo de Peñafort y de San Luis Beltrán a la izquierda. Sobre la puerta y la reja de la Celda se realizó una vistosa concha, que arrancaba de una crecida águila cuyas alas extendidas la abarcaban por los lados y tenían en el centro las armas de la ciudad de Valencia.
En la parte superior del Pórtico, una cornisa dórica adornaba todo éste, y sobre ella tres nichos con su imposta y arcos con su concha albergaban tres imágenes, también de siete palmos de alto; la central era la de San Vicente, a sus lados dos bustos de los Papas Benedicto XI y Pío V, ambos dominicos. En el nicho derecho una estatua de Santo Tomás de Aquino y en el izquierdo una de San Pedro Mártir.
Una segunda cornisa, soportada sobre la anterior mediante cuatro columnas dóricas intercaladas entre los nichos, estaba rematada con un semicírculo con un relieve en su centro con la imagen del Padre Eterno rodeado de nubes y Serafines.
Todo el panel de fondo estaba profusamente labrado con flores, frutas, cabezas de Serafines y otras efigies.
En 1597 la ciudad también sufragó el dorado de todo el pórtico rematando la suntuosa obra. Para finalizar, modo de marco del pórtico, se pusieron unas maderas en las que se pintaron, en los lados, a los padres del Santo Guillermo Ferrer y Constanza Miguel; sobre ellos Fray Blas de Avernia y Fray Jofre de Blanes, Fray Pedro Queralt y Fray Pedro Cerdán, además de otros dominicos compañeros del santo. En las tablas superiores, las armas de Valencia.
Era tal la afluencia constante de fieles y devotos a la Celda, que trastocaba el normal funcionamiento del Convento; En 1599 el Rey Felipe III ordenó poner y costeó un enrejado de madera pintado de verde, alrededor de la Celda y su jardín y pozo, que estaba decorado en sus puntas con las armas del Rey y las de los Dominicos.
Siglo XVII
El techo, con los años amenazaba ruina y, aprovechando tal circunstancia, se redecoró todo el interior de la Celda otorgándole una vistosidad propia de una iglesia. Dicha redecoración finalizó en el año de 1602.
El techo se decoró con pinturas referentes a los prodigios del Santo además de otros Santos y Serafines, y en el medio la de Jesucristo.
Las paredes se abalastraron y en su parte inferior se cubrieron con azulejos.
El suelo original de madera, ya muy deteriorado (y disminuido por las constantes sustracciones de fieles que se lo llevaban como reliquia) fue sustituido por losas de grandes dimensiones.
En la zona de la alcoba del Santo se hizo un nuevo retablo en mazonería (relieve de yeso) todo dorado y colorido en sus detalles, de once palmos de alto por ocho de ancho, colocando el retablo antiguo en el centro. En su pedestal se practicaron tres pequeños nichos adornados con sus conchas y guarnecidos de primorosa talla; en el central se colocó la imagen de Ntra. Sra. Del Rosario, en el derecho la imagen de Santa Águeda en recuerdo del día en que el Santo vistió de Dominico y en el izquierdo la de Santa Catalina de Sena. En los intermedios, en relieve se representaron dos Apariciones a San Vicente: la de la Virgen en su Celda y la de Jesús en Aviñón. Arriba del pedestal, el retablo original se acompañaba por dos adornadas columnas dóricas a cada lado y, entre ellas, dos nichos más con las imágenes de San Ildefonso Arzobispo de Toledo a la derecha y la de San Vicente Mártir a la izquierda, por nacer y ser bautizado nuestro Santo en vísperas de las onomásticas de éstos. Sobre todo el conjunto, una cornisa dórica y sobre ésta un florón de talla con un nicho en el que se colocó la imagen de San Vicente acompañado a sus lados por las imágenes de San Pedro y San Pablo (en cuyo día fue canonizado San Vicente).
En la primera estancia se hizo un nicho donde se colocó la Tabla de San Vicente con dos pilastras dóricas a sus lados que sostenían dos bolas con el escudo Dominico. Se asentaba todo sobre un pedestal de piedra que formaba un altar.
En 1678 se amplió la Celda quince palmos tomándolos del jardín, pintando las antiguas paredes con varios milagros del Santo y decorando el resto con flores, cogollos, figuras y plantas, matizado todo ello con oro. Esta obra se finalizó en 1681.
Siglo XIX
Así, hasta el S.XIX la celda y la Cofradía mantuvieron todo su esplendor y actividad, pero los conflictos bélicos y las tensiones políticas que fueron sucediéndose a lo largo de los dos últimos siglos tuvieron graves consecuencias para ambas.
Durante la guerra de Independencia (1808-1814) la Celda fue saqueada y medio destruida bajo la dominación de Suchet en 1812. El 7 de mayo de 1815 se acordó su reconstrucción por los Cofrades, siendo bendecida la reformada capilla el 11 de abril de 1817, celebrándose con normalidad los actos de culto hasta 1835.
En 1835 tras la exclaustración el convento, muy dañado, es subastado y ante la falta de postores, se le ofreció a la Capitanía General del Ejército, cuyas dependencias frente al Arzobispado se habían incendiado, tomando éste desde entonces posesión del edificio, siendo desde entonces sede de la Capitanía General de Valencia.
La Celda fue usada por los militares primeramente como cuadra y ante las protestas de la Cofradía, se instaló entonces un taller del Parque de Artillería.
Gracias a la insistencia de los Cofrades, la Capitanía General ordenó que se convirtiera en biblioteca.
El 3 de noviembre de 1884 la Cofradía, previa autorización del Coronel Jefe del Parque de Artillería Don Froilán Salazar, colocó una lápida en su interior para que quedara constancia de lo que había sido, siendo rehabilitada como capilla.
En 1887 los Oficiales de Artillería hacen importantes reformas en el antiguo convento y la celda es finalmente reedificada completamente, decorándola de estilo gótico la Cofradía y terminándose en 1906.
Siglo XX
El Capitán General D. Marcelo Azcárraga volvió a autorizar la celebración de misas, pero hasta 1916 la Cofradía no consiguió la autorización del Capitán General Don Francisco Pérez Clemente y del Gobernador Militar Don José Chacón para trasladar sus celebraciones desde la capilla de la iglesia a la Celda.
Es en este año de 1916 cuando la Cofradía, plenamente activa tras un declive en los años 60 del siglo XIX, decide realizar la segunda edición del libro de Blanes.
De nuevo, tras la Guerra Civil Española, la Celda quedó destrozada y la Cofradía prácticamente desaparecida al caer la gran mayoría de sus Cofrades.
En enero de 1940 el nuevo Depositari D. Fernando Musoles y Martín, Barón de Campo-Olivar, artífice de la revitalización de la Cofradía, visitó al Coronel Jefe del Parque de Artillería para acordar con él como proceder a la restauración de la Celda. Este dio toda clase de facilidades para ello y colaborando también económicamente. Se restauró la celda de manera mucho más sencilla.
Con motivo de la Exposición Vicentina, en 1955 se volvió a restaurar la celda con azulejos provenientes de antigua capilla de San Jaime y de la sacristía.
La riada del 57 volvió a arruinarla salvándose solamente la imagen del Santo y, gracias a un Artillero (que nadó para recuperarla), la imagen de la Virgen del Rosario. Lamentablemente no quedó constancia para la historia del nombre del Artillero.
22 años después, en 1977, la celda amenazaba ruina, y vuelve a restaurarse con la colaboración económica de distintas instituciones valencianas, la Capitanía General y la Cofradía.
Finalmente, en 1982 se embelleció el exterior de la Celda permaneciendo ya tal y como la conocemos hoy.
En los años noventa del S.XX el Capítulo de Caballeros Jurados de San Vicente Ferrer obsequiaron a la Celda seis bancos para el culto.
Fachada e interior de la Celda de San Vicente
Año 1921
Siglo XXI
Actualmente se han realizado estudios y prospecciones encaminadas corregir las humedades de la Celda y repristinar los azulejos, catalogados Bien de Interés Cultural.
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Interior de la Celda de San Vicente
Estado actual
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